Una de las dos anclas que flanquean la entrada al Museo Naval de Cartagena, que eran las que llevaba el acorazado Jaime I, el 17 de Junio de 1.937, día de su explosión cuando se procedía a su reparación en el Muelle de La Curra, en Cartagena.
En la exposición se puede ver uno de los proyectiles perforantes de la artillería principal del Jaime I, de 305 mm.
A su lado se expone una muestra de su casco, cuyos costados estaban protegidos por fajas acorazadas de entre 7,5 y 23 cm. de espesor y de 25 cm. en las torres de artillería gruesa.
Carga de proyección para el proyectil de 305 mm. Peso: 31,970 Kg. se necesitaban 4 saquetes como este, en total, para dispararlo.
La construcción del acorazado Jaime I, fue impulsada por la Ley de Escuadra de 1.908, iniciándose en 1.912 por la Sociedad Española de Construcción Naval. Fué botado en 1.914, en los astilleros de El Ferrol, pero debido a la Primera Guerra Mundial, su entrega a la Armada Española, fué retrasada hasta 1.921
En 1.922, debido a la situación
de guerra de Turquía contra Grecia, fue enviado al Bósforo para proteger la
colonia e intereses españoles en la zona. En Noviembre de ese año, fue abordado
por el mercante austríaco Graz, causándole una vía de agua en la amura de babor
que inundó uno de sus compartimentos estancos, permaneciendo en Constantinopla
hasta que, en mayo de 1.923, salió para ser reparado en Italia. Una vez
reparado regresó a Cartagena a finales
de Agosto. Poco después de ser asumida la presidencia del Directorio Militar,
por parte de Miguel Primo de Rivera, tras el golpe de estado, para estrechar
lazos, sirvió a la familia Real en sus
primeros viajes oficiales, el primero en 1.923 en una visita a Víctor Manuel
III, a
Benito Mussolini y también al Papa.
En 1.925, tras realizar
ejercicios de tiro, integró la Escuadra junto al acorazado Alfonso XIII, con
los cruceros Méndez Núñez y Blas de Lezo y los destructores Alseo y Velasco. El
propio dictador intervino en la operación militar del desembarco de Alhucemas,
en el cual el acorazado Jaime I intervino muy eficazmente, recibiendo algunos
impactos de artillería enemiga. Volvió a intervenir al finalizar el conflicto, ahora
para supervisar los escenarios de la campaña de Marruecos en Ceuta, Alhucemas,
Villa Sanjurjo y también Melilla.
Realizó maniobras navales en
1.928 en las Rías Bajas junto a la Escuadra, y el siguiente año estuvo en
Barcelona en la Exposición de 1.929. En Agosto de 1.930, volvió a participar en
otras maniobras en el Cantábrico, al final de las cuales, tuvo lugar un desfile de los buques participantes delante
de S.M. Alfonso XIII. Sería la última vez que se le rendirían honores, porque
el 14 de Abril, se proclamó la República
y el Rey salió al exilio. No mantuvo una especial actividad durante esos años,
hasta octubre de 1.934, en que intervino en la Revolución de Asturias,
protegiendo el puerto del Musel.

El Jaime I junto al Alfonso XIII y al Reina Victoria en el puerto de Barcelona en la Exposición de 1929. Foto de la Sala de Pintura Naval
El 20 de Julio de 1.936, conocida la noticia de la sublevación en otros cruceros de la Armada, la tripulación se amotinó contra los oficiales rebeldes, resultando heridos algunos marineros, pero una vez dueños de la situación, detuvieron al resto de jefes y oficiales. Tras un periplo por Tánger y luego por Málaga, finalmente el 25 estuvo bombardeando Ceuta y el 26 Melilla. El 7 de Agosto bombardeó Algeciras y al cañonero Dato, al que dañó severamente.
Poco después, fondeado en Málaga
recibió una bomba de aviación en su proa, y tuvo que dirigirse a Cartagena para ser
reparado. Posteriormente participó contra los rebeldes en el Cantábrico, pero
la presencia en el Estrecho del Canarias y el Cervera, provocó que regresara
nuevamente al Mediterráneo. En Febrero de 1.937, sirvió como protección del
Puerto de Almería. Allí fue alcanzado
por bombardeos de la aviación franquista, por lo que fue trasladado a Cartagena
de nuevo para ser reparado.
Atracado en el muelle de La
Curra, el 17 de Junio, sufrió una fuerte explosión, que provocó cerca de
300 muertos y cerca de 200 heridos, un
enorme incendio y la pérdida del Jaime I, ya que se partió en dos y se hundió.
Se rindieron honores militares a los muertos por parte de la tripulación
superviviente, también por parte de las
autoridades republicanas, el cónsul de Gran Bretaña, así como líderes del PSOE,
PCE y de los sindicatos UGT Y CNT.
Las causas exactas de la
explosión continúan, a día de hoy, sin esclarecerse. Se especula con el
sobrecalentamiento de las calderas del buque, la manipulación inadecuada de un soplete,
algún descuido por parte de los marineros que fumaban, e incluso, con un acto
de sabotaje de los nacionales en el acorazado.
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